La violencia es el último recurso del incompetente

POR LAYLA MÁRQUEZ LOBATO
¿Debe de ser bonito, no? Eso de conocer a esa persona especial con la que crees estar el resto de tu vida, con la que compartes intimidades, caricias, ‘te quiero’, sentimientos, secretos, hechos ocurridos en tu pasado y saber que esa persona estará ahí para escucharte y no juzgarte, que te brindará su apoyo, su confianza y por supuesto su amor incondicional.
Un buen día conoces a esa persona, comienzas a formar parte de ella y ella de ti y de repente comienzan a pasar los días y no te explicas cómo pero llega ese momento en el que esa persona tan especial se arrodilla ante ti y te pide si quieres formar parte de su vida para siempre. Ilusionada porque el hombre de tu vida te ha hecho tal proposición, tú aceptas encantada. Al paso de los días, las semanas, los meses… Vais buscando fechas para la boda, comida para la celebración, listas de invitados, el vestido de boda… Sales con tu hermana, tus padres, tus amigos a decidir cuál comprar, al fin y al cabo será el mejor día de vuestra vida, contraerás matrimonio con la persona que más quieres y debes estar espectacular.
Una vez llegado el tan esperado día, recorres ese pasillo largo con tela roja en el suelo, de la mano de tu padre o familiar con un precioso vestido blanco el cual tiene una cola larguísima y tú llena de ilusiones de comenzar una nueva vida a su lado.
-Sacerdote: “…Quieres recibir a… como esposa, y prometes serle fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, y, así, amarla y respetarla todos los días de tu vida?”
-Novio: “Sí,quiero”.

¿La luna de miel? Maravillosa. Pronto llegaron las vacaciones y los días pasaron y pasaron hasta que llegó el primer niño, lo crees todo perfecto. Tienes un marido que te quiere, te valora, te respeta, tenéis un niño precioso, una casa juntos y un montón de vida por vivir. Pero pronto, un día como otro cualquiera él comienza a romper la primera promesa. El respeto. El primer grito.
-No me gusta eso que llevas puesto, enseñas mucho las piernas y se te ven por la calle, sólo te las puedo ver yo. ¿Te puedes cambiar, por favor?
-Sí, claro.
¿No hay importancia, verdad? Sólo un marido que se está preocupando porque los demás no vean lo que es suyo, lo dijo el día de su boda, sólo está protegiendo lo suyo. La mujer por lo tanto lo deja pasar: “…se preocupa por mí, es celoso, me quiere…”. Piensa.
Pasan los días.
-Esa ropa que llevas te hace fea, ¿no te da vergüenza ir con tus amigas tan bien arregladas y vestidas?
-Tienes razón mi amor, quizás debería cambiar mi vestuario, pero como me dijiste que no querías que llevase falda…
-No seas tonta, sabes lo mucho que te quiero, por eso te protejo, porque eres sólo mía.
Aquél ‘eres sólo mía’ sonó verdaderamente amenazante, no como otras veces que lo decía con amor o con cariño, en sus ojos reflejaba algo más… aún así, ni la mínima importancia. Entonces una noche, tras llegar del trabajo más pronto de lo normal, el marido se sentó en la mesa.
-Pero bueno, ¿esto qué es? Te dije que hoy vendría a cenar a casa, he tenido un duro día, ¿dónde cojones está mi comida?
-Disculpa amor, se me olvidó por completo que hoy vendrías antes, te prepararé algo enseg..
Y ahí está, el primer empujón. La primera agresión. El primer contacto sin amor. Cayó al suelo y el niño rompió el silencio de la casa con su llanto. Acto seguido, se levantó y preparó un plato más de cena, lo dejó en la mesa y volvió a sentarse. “…Nada ha ocurrido, yo tuve la culpa de no estar atenta…”. Se decía a sí misma.
Al día siguiente él le pidió disculpas:
-No sé cómo ha podido ocurrir amor, me arrepiento tanto, perdóname, yo te amo. “…Se ha arrepentido”, pensó ella. “Me ama. Lo amo. Nada ha ocurrido…”
SMS Marido (21:34): Hola mi amor, te vuelvo a pedir disculpas por lo del otro día.
SMS Marido (21:56): Te espero en casa.
SMS Marido (22:45):¿Dónde estás? Es tarde.
SMS Marido (12:27): ¿Por qué no me respondes, con quién estás?
Ella entra a la casa dispuesta a explicarle que había quedado con sus amigas y se había quedado sin batería en el móvil, pero al entrar por la puerta no le dio tiempo a reaccionar y ya su sonrisa se esfumó al ver el semblante serio de su marido en la puerta, esperando. Pronto su mano se acercó a ella en señal de violencia. Sintió un golpe sordo y se precipitó al suelo. En shock y con lágrimas en los ojos escuchó: “Así aprenderás a no salir hasta tan tarde sin avisar”.
Los demás días transcurrieron con normalidad. En una ocasión ella se encontraba en su trabajo con sus, ahora, comunes gafas negras. Cuando de repente, allí estaba él. Su marido. Con un grande y espectacular ramo de rosas rojas. Ambos se miraron. Sobraron las palabras. Había amor. Comenzaron a llorar y se abrazaron con un fondo de aplausos y alegrías a su alrededor. ‘Para siempre, como prometimos en el altar’ le susurró a su mujer.
-Si digo que vamos a la cama, vamos a la cama. Tengo derecho. ¡Soy tu marido, estúpida zorra, no vales para nada!- El primer puñetazo. La primera violación de las múltiples que vinieron luego. Se convirtió en una rutina para ella, ya no le dolían sus golpes, lo que verdaderamente le dolía era que fuese él quien se lo hiciese. Su niño no entendía, sólo veía a su madre con gafas, abrigos, sin salir de casa y llorando, siempre llorando.
Ya no había arrepentimientos ni palabras de amor, solo golpes y palizas. Pero merecidas, según pensaba ella.
Al borde de la desesperación y la locura tras la última agresión casi mortal, se metió en la bañera. ¿Su cuerpo? Sencillamente horrible. Los moratones, ahora ensangrentados, dejaban marcas en todo su cuerpo. Pechos, brazos, mejillas, ojos, piernas… se metió en la bañera y se abandonó a las lágrimas entre el agua.
A la mañana siguiente, el marido entró en casa, desesperado buscó a su esposa, tan solo encontrando un DVD en el sofá. Lo cogió dispuesto a verlo. Se sentó y pronto prendieron imágenes de la boda de ellos dos.
“Hola mi amor, cuando escuches esto yo ya no estaré a tu lado. Cuando te conocí creí haber encontrado en ti a mi compañero de viaje en este camino que es la vida, el amor verdadero. Que pasaríamos toda la vida juntos, como siempre había soñado. Ilusa de mí. Me mentiste con falsas promesas de amor eterno, me cubriste de poemas y falsas palabras. Y lo peor de todo fue que yo te creí. Te creí y estuve a tu lado hasta que no pude más. Te he querido, te he amado pero hoy… hoy no puedo más. No me siento con fuerzas para continuar a tu lado… Lo siento. Es la primera promesa que he roto en mi vida, ‘para siempre’, y créeme, he intentado con todas mis fuerzas no hacerlo. Pero me ha resultado imposible. No me busques, ni a mí ni al niño. Los dos nos hemos ido y nunca volveremos, eso si te lo puedo prometer. Lamento haber formado parte de tu vida, lamento haberte dado todo lo que tengo sin recibir nada, solo malos tratos.., perdóname por haberte amado tanto, por haberte perdonado una y otra vez, por haberte dado los mejores años mi vida… Tengo la necesidad de hacerte una pregunta, aunque soy consciente de que no recibiré respuesta, sólo piénsalo y responde a ti mismo… ¿Cómo te sentirías si la persona que más te ama te estuviera controlando a cada momento con la única finalidad de conseguir lo que quiere? ¿Que te dijera desde qué ropa debes ponerte hasta con quién debes o no salir? Personalmente, te aseguro que no muy bien. Me siento defraudada, porque si esto que he vivido contigo es amor y compartir una vida, prefiero estar sola, con mi niño. Cuando me casé contigo pensé que en ti iba a encontrar amor, comprensión, escucha.. y en lugar de eso solo me he sentido sucia, poco valorada, sola y con miedo. Miedo de no volver a abrir los ojos al día siguiente. Estoy harta de vivir con miedo, de sentirme sola, deprimida, con el corazón en la garganta sin saber cómo regresarás cada día del trabajo, de que oiga los golpes nuestro pequeño… Aún así no me arrepiento de nada, ni de haberte conocido, ni de haberme casado contigo, ni de haber tenido un niño… Pues todo esto me ha servido para ser lo suficientemente fuerte como para marcharme y protegernos de ti. Quiero vivir en paz con mi niño y como sé que tu no podrás dar el primer paso, lo di yo. Quiero ser feliz y algún día sonreír de nuevo.
Me gustaste, te quise, te amé y sentí que no podía vivir sin ti. Pero me has obligado a hacerlo.
Adiós”,

Hay salida para los malos tratos. Si te encuentras en esta situación, busca ayuda y aléjate de la persona. Puedes y eres lo suficientemente autosuficiente para vivir sin él. No te dejes asustar, no dejes que siga ejerciendo en ti ese poder, tú eres fuerte e inteligente para combatirlo. Sólo tienes que buscar la valentía y una vez encontrada, nadie ni nada podrá pararte.
Paremos esta situación, con ayuda es posible. No esperes el momento indicado, el momento es… AHORA. Antes de que sea demasiado tarde.