HISTORIA DE MIEDO

HISTORIA DE MIEDO

                                                                                                HISTORIA DE MIEDO: LA MUÑECA 

– ¡Han venido! ¡Los Reyes Magos han venido!

– Si cariño, han venido. Venga, abre los regalos, a ver que te han traído.

– Vale.

Laura se tiró a la montaña de regalos que había a los pies de su Belén. Eran tantos que no sabía ni por dónde empezar. Finalmente eligió un paquete, pequeño y azul claro.

– ¡Mira mamá, el perfume que quería de Hello Kity!

– Ya veo Laura. Venga abre otro.

Esta vez eligió un regalo bien grande, envuelto por un papel de renos.

– ¡Aaaaaaah! ¡Una barbie mariposa! Justo lo que quería.

– Que suerte, todo lo que habías pedido.

Y así se pasaron media hora, entre barbies, perfumes y muñecas, hasta que solo quedó un paquete.

– Mamá, no recuerdo haber pedido nada más.

– Bueno, será un regalo sorpresa. Venga, ábrelo.

Laura tomó el paquete con cierta desconfianza, pero también con curiosidad por saber qué era aquel extraño regalo.   Lo abrió.

– ¡Aaaaaaah!-gritó Laura-es horrible.

Era una muñeca, pero no como las demás. Era de trapo, blanca como la nieve. Tenía un vestido celeste y unos zapatos del mismo color. Su pelo rubio estaba recogido en dos coletas. Tenía una sonrisa inquietante, dos mofletes al rojo vivo y sus ojos…eran botones. Además, llevaba un biberón y un peine de juguete.

– Se parece a las que había cuando era niña. Pero, no sé, esta es diferente, aunque no veo nada raro.

– Pues yo sí. Mira que caja más rara, nunca he oído el nombre de esta marca.

– “Las muñequitas de trapo.” Yo tampoco he escuchado nunca esa marca.

–  Bueno, creo que me acostumbraré a esta muñeca.

– Espero que así sea.

 

Y  Laura se acostumbró, es más, se acostumbró tanto que pasó de ser la muñeca que más odiaba a su muñeca favorita. Ella no lo notaba, pero su familia sí veía que esa muñeca era diferente.  Apenas seis meses después de la llegada de “Maripi” (así es como llamaba Laura a su muñeca) Laura solo la peinaba a ella, solo le daba el biberón a ella y solo jugaba con ella. Ya no veía la televisión, ni salía a jugar con sus amigas, solo se encerraba en su habitación y jugaba con Maripi. Cuando le regalaban una muñeca nueva, se limitaba a colocarla en la estantería de su cuarto, pero nada más. Para ella solo existía su muñequita de trapo.

A principio todo fue bien, sus padres se alegraron de que le gustara tanto, pero al cabo de dos años vieron que lo de su hija era obsesivo. Dejó de querer ir al colegio porque no se podía llevar a su muñeca. Dejó de querer salir de casa, porque decía que a Maripi no le gustaba salir de su habitación. Su madre habló con un psicólogo infantil sobre la obsesión de su hija, y este le dijo que lo superaría, y que lo peor que podía hacer era quitarle la muñeca.

Pero los meses pasaban y a la edad de doce años el problema de Laura era horrible. Su madre, preocupada, decidió espiar a su hija detrás de la puerta de su cuarto.

– ¿Cómo dices Maripi?, ¿qué debería escaparme de casa? Pero, si me escapo no vería ni a mamá ni a papá.    ¿Cómo dices?, ¿que mate a mamá? Pero, ella es buena conmigo. ¿Cómo?, ¿ que a mamá le encantaría que le matase y que tú le cambiaras sus ojos por tus botones? ¿De verdad que le gustará? Bueno, si no hay más remedio.        Acto seguido se levantó.    Su madre, escuchando detrás de la puerta, cerró corriendo ésta y echó la llave.                                                                                                                 – ¡SOCORRO! ¡MARIPI! ¡MAMÁ ME HA ENCERRADO! ¡SOCORRO!

– Lo siento Laura-dijo su madre con lágrimas en los ojos-lo hago por tu bien.

– ¡SOCORRO! ¡SOCORRO! ¡SOCORRO!                                                                                                                                                               – Lo siento, lo siento, lo siento.

Se oyeron los pasos de Marípi.

Clack, hacía la puerta de la habitación de Laura al abrirse.

Clock, hacía la puerta de la habitación de Laura al cerrarse.

Tolón, hacía el reloj, marcando las doce de la noche.

Tolón, hacía el reloj, marcando la una de la madrugada.

Tap tap, hacían los pasos de Marípi.

Clack, hacía la puerta de la habitación de Laura al abrirse.

Clock, hacía la puerta de la habitación de Laura al cerrarse.

 

 

CONTINUARÁ…………

 

 

MARINA MORENO SANCHEZ 6B