LA PRINCESA MARTUKI Y SUS BICHITOS

Érase una vez… una princesa muy linda y especial llamada Martuki. Tenía los pelos de color castaño, rizados con tirabuzones… Unos ojos marrones verdosos con enormes pestañas muy expresivos. La piel muy blanquita…Y una sonrisa perenne en su cara, casi imborrable.
Vivía en un lugar muy lejano, muy lindo y mágico… lleno de flores, ríos, árboles y lo que más le gustaba a la Princesa Martuki… era que había miles de animalillos y bichitos. Desde allí casi se podían tocar las estrellas y la luna.

Vivía con su mamá y sus mascotas… su perrito Goofy que era un perro de agua blanco y con manchas en chocolate, un yaco gris con colita roja llamado Cuco que estaba un poco locuelo y su conejita Bombón, tiene ese nombre por su color, que aunque era naranja cuando nació, se comió un bombón de chocolate y cambió de color en un negro intenso, aunque sus patitas y la punta de sus orejitas eran blancas. Vivían en un castillo con muchísimos colores al que la princesa Martuki, llamaba casita de chocolate.

 

Era una chica muy especial, tenía un don con los animales, los cuales se les acercaban sin ningún miedo y ella los atendía, cuidaba y hablaba con ellos, sin contar las de fiestas que montaba para divertirse y jugar con ellos.

Un día su mamá le dijo que tenía que ir en busca de la abuelita Carmita, porque iban a hacer una fiesta. Para el camino preparó galletas de mantequilla y vainilla que había cocinado con su mamá. Hacía un día estupendo con muchísimo sol, así que preparó todo lo necesario, su pincel mágico que le regaló su abuelito Juan. Todo lo que pintaba con él se hacía realidad y junto con su perrito Goofy inició el camino para buscar a su Belita, como cariñosamente llamaba ella a su abuela.

Antes de salir, recogió su dosis de cariño, besazos y abrazos de su Mami y su especial pacto… agarraban los dedos meñiques y decían “pacto de bruja a brujita… si me necesitas… vuelvo enseguidita…”

Nada mas salir… la conejita Bombón se apuntaba a la aventura… dando graciosos saltitos iba junto a Martuki sin perderla de vista…

No había pasado mucho tiempo cuando se encontraron a la Mariquita Pety, una graciosa mariquita roja con lunares negros y unos ojos muy picarones, que le dijo… Holaaaa… ¿Quién eres?
Ella le contestó que era Martuki y que iba en busca de su Belita para hacer una fiesta. Era una mariquita muy divertida y charlatana, le preguntó que si podía acompañarla para buscar a su Abuela y luego quedarse en la fiesta… Martuki le contestó que sí, que cuantos mas mejor. Se convirtió en una gran amiga, luego se quedó a vivir en el patio del castillo de chocolate con ellos, por lo que aumentó la familia. Retomaron el camino cantando alegremente… Lalalaaaa lalalaaaa lalalalalalallaaaaalaaaaa lalaaaa.

De repente (o como decía Martuki “Potonces…”) apareció por el camino un caracol con pinta de hippie… era verde y tenía su concha de muchos colores y era andaluz, por lo que al llegar su lado le dijo ¿Qué pasa quillaaaaa?

A Martuki le hizo muchísima gracia esa expresión y le preguntó que qué era él… le contestó que era un caracol y que se llamaba Pepe. Después de contarle a donde iban, Pepe también se apuntó a la aventura de recoger a la Belita… Bastante fuerte y un poco desafinado empezaron a cantar la pegadiza canción Lalalaaaa lalalaaaa lalalalalalalalaaaaalaaaaa lalaaaa.

Al pasar por el río alguien les chistó… ssshhhh sssshhh después de mucho buscar por todos lados la cabeza de un pececillo salió del agua… Se llamaba Nemo era de color naranja y negro. Y estaba esperando a que un pescador de la otra orilla, lanzara a su amiga la oruga para poder charlar un ratico con ella.

Sí, eran amigos… se conocían desde hace mucho tiempo, ya que el pescador la lanzaba todos los días para poder pescar a Nemo, pero a los peces no les gustaban los gusanitos para comer, sino que lo que le gustaba eran las galletas de mantequilla y vainilla, así que aún no lo habían pescado y seguía viviendo en el río… Cuando le explicamos a donde íbamos también se unió la excursión, pero para eso sólo debían de caminar por el lateral del río y así podrían ir charlando y cantando animadamente… estaban esperando a la oruga, que también se unió al viaje era de color azul y con lunares pistacho, se llamaba Tram.

No habían reiniciado el camino cuando todos vieron llegar una cosa roja que volaba hacia ellos, chistando sschhh ssschhh… era un globo rojo súper brillante y encima viajaba una araña patuda muy negra, pero con lacitos de colores en todas sus patas… muy sexy… su nombre era Tablichi. Decía que llevaba mucho tiempo viajando en su globo y que había visto lugares preciosos y fantásticos… había conocido a todas las princesas y se lo habían pasado genial, eran todas guapísimas y muy simpáticas y venía viajando para conocer a una princesa muy linda que vivía cerca de aquí… se llamaba Martuki. Todos los animalitos empezaron a reírse y a saltar… no sabían que estaban con una princesa. Ella les dijo que era una niña muy normal, que lo único es que su abuelito Juan le regaló un pincel mágico con el que podía pintar todo lo que quisiera y se hacía realidad y que lo utilizaba para ayudar a los demás y hacerlos felices, pintando comida, casas, ropas… todo lo que necesitaran… Pero ella se lamentaba de que deseaba conocer a todas las princesas, pero que era lo único que aunque lo dibujara, no se convertía en realidad, era su gran sueño… Cuando la Araña Tablichi se enteró a donde iban no dudó en apuntarse.

Por fin retomaron el viaje cantando Lalalaaaa lalalaaaa lalalalalalala laaaaalaaaaa lalaaaa… Ya parecían un coro y era muy divertido… Por el camino disfrutaron un montón, porque era un lugar precioso y calmado.

No había pasado mucho tiempo cuando la araña patuda chocó con su globo y se escuchó un ¡AYYYY!… Madre mía… había chocado con la Mariposa Carmita, una linda mariposa de preciosos y llamativos colores… Rosa, turquesa y negra pero parecía que tenía purpurina en sus alas, porque brillaban increíblemente.
La princesa Martuki la ayudó a levantarse, revisó sus alas que no estuviesen partidas y le dio un poquito de galletas de mantequilla y vainilla para recuperar sus fuerzas… a todos se les hizo la boca agua… olían fenomenal esas galletas y la princesa Martuki sugirió que podían descansar y comer un poquito.
A todos les pareció una gran idea, llevaban todo el camino oliendo ese dulce y sabroso olor a vainilla… Y estaban deliciosas.

Mientras descansaban todos sentados en una raíz gigante de un árbol enorme que encontraron en un anchurón del bosque, todos los animalitos insistieron en que la princesa Martuki les enseñara como funcionaba su pincel mágico… A Martuki le pareció una idea genial, sus ojos se abrieron enormemente y se puso manos a la obra… Fue pintando accesorios y ropitas para todos sus compañeros de viaje. A la Mariquita Pety le dibujó una enorme pamela rosa chicle con un lazo turquesa, no podía estar mas contenta. Al Perrito Goofy le sentaba fenomenal un abrigo gris con capucha. Al Loro Cuco le puso una enorme pajarita pistacho. Y a la Conejita Bombón un collar precioso con piedras brillantes de color fucsia. Al Caracol Pepe le pintó un arco iris en su concha y le puso un gorrito con rayas de muchísimos colores y un enorme pompón en su punta., se quedaba muy divertido porque se quedaba todo tieso hacia arriba y una guitarra española. Al Pececillo Nemo, le pintó un chubasquero azul con lunares blancos. A la Oruga Tram le dibujó un enorme lazo Verde turquesa con lunares rosas y un saxofón brillante dorado. Y a la Araña patuda Tablichi le encantaba la pamela de la Mariquita Pety, por lo que le pintó otra, pero se la hizo de color rojo con muchísimas flores. Estaban todos encantados con el pincel mágico, no paraban de reír, cantar y bailar. De repente, se oyó un bostezo y un ruido sobre el árbol… se escucha con una voz muy tranquila, suave y flojita… ¿Pero qué escándalo es ese… quién está ahí abajo…? Todos miraron hacia arriba y vieron salir de un agujero del tronco un majestuoso búho… de color gris y marrón, con unos enormes ojos vainilla y una amplia sonrisa… ¡Menuda fiesta tenéis ahí abajo!

Todos pidieron perdón al Sr. Búho… lo habían despertado de su siesta… Pero él dijo que no importaba, que ya dormiría mas tarde… Le preguntaron su nombre y él contestó que era el abuelo del bosque… el abuelo Chencho… después de una divertida e interesante charla con él, pues era como una biblioteca, sabía de todo y de todos, conocía el bosque perfectamente, y todos los secretos que allí ocurrían, se unió a la excursión, aunque chocaba con todo lo que se encontraba por su camino, así que la princesa Martuki le pintó unas gafas azules que le arreglaron la visión.
En su camino se encontraron innumerables amiguitos animales… que se fueron sumando al grupo, hasta llegar a casa de la abuelita…una casa muy acogedora y llena de macetas con flores de azucenas, fresillas, bolitas verdes, unos cactus con flores rojas preciosas… Belita salió corriendo a su encuentro, estaba emocionada, asombrada y entusiasmada de ver el enorme grupo de animalitos que acompañaban a Martuki hasta su casa. Como estaban todos bastantes cansados, Belita les preparó un chocolate calentito que no había otro igual en el mundo, estaba delicioso. Le contaron todas las aventuras y encuentros con animales que habían tenido por el camino, y no paraban de reír mientras merendaban. Y enseñándoles lo que Martuki había pintado para todos ellos.

La Belita le dijo a Martuki que su abuelito Juan había dejado una carta para ella, corrió hasta el piano del abu y leyó atentamente lo que el abuelo Juan le pedía. Necesitaba que encontrara su pipa de la suerte y que se la llevara a la estrella donde vivía junto con Gupi, la gatita persa de Martuki que era súper buena de color vainilla y muy suavita. Se fue a vivir con el abuelito Juan para hacerle compañía, allí se lo pasaba genial saltando de nube en nube. Martuki se puso a pensar dónde se podría haber dejado su abuelito la pipa y pensó que en su lugar favorito, en el barquito donde navegaba y paseaba a todos. Y aunque les costó mucho encontrar la pipa allí estaba junto a sus aletas, sus gafas de bucear y su tubo. La guardó con mucho cuidado para que no se estropeara y fue a su escondite especial donde guardaba la cama elástica mágica que habían fabricado ella y el abuelito. Saltando con mucha fuerza, con mucha ilusión y con una enorme sonrisa, en un momento llegaba a la estrella del abuelo Juan, donde la esperaba con muchísimas ganas de darle un gran achuchón.

Al llegar a la estrella, se dirigió corriendo a la casa árbol del abuelito, era super chula, tenía una cuerda de nudos para poder subir. Era preciosa porque estaba construida con material de estrellas y era de color brillante y reluciente, aunque por dentro tenía cada habitación de un color, ventanas irregulares y redondas, era una casa fantástica. En lo mas alto de árbol encontrabas su mejor vista… desde allí se veían todas las estrellas, les encantaban cantar desde allí la canción de “Aquella estrella de allá hoy brillará por ti…” Y no os podéis ni imaginar cómo se veía la luna desde allí, cuando queráis verla desde un sitio privilegiado no dudéis en llamarlo seguro que al abuelo Juan les encantará veros. Desde allí incluso nos ve a nosotros allí abajo, y cuando estamos un poco apurados, siempre viene a ayudarnos. Y desde allí pesca un montón de estrellas, que luego vuelve a soltar cuando termina de hacerle muchísimas cosquillas.

Allí estaba el abuelito Juan, haciendo un barquito de madera pequeñito, mientras escuchaba una música preciosa tocada con su laúd. Como siempre con una amplia sonrisa en su cara. Se puso muy contento al ver a Martuki y al ver su pipa, cuando le explicaron que había una fiesta, no dudó en preparar sus cosas para ir con ellos. A él también le encantaban los animales, por lo que fue un viaje de regreso muy divertido, ya que el abuelito Juan era muy travieso y se lo pasaron genial con sus ocurrencias.

Recogieron a la Belita en su casa, la ayudaron con sus preparativos, el chocolatito caliente ummmm, huevos de chocolate, sombrillitas, galletas de coco, roscos, tortas de azúcar, arroz con leche y manzanas rojas muy brillantes.

Ya estaba todo preparado para su regreso a la casita de chocolate con su mamá, pero no os podéis ni imaginar la de animalitos que conocieron a su regreso… Cuando llegaron a casa, a su mamá casi le da algo… había animalillos por todos lados… el Escarabajo Charlie , el Erizo Kiwi, la Libélula Cuchi, el Poni Bamquira, Pichí el Pajarito, la Ratoncita Kuiqui… y muchísimos mas… ¡¡¡MENUDA FIESTA FUE SUPER DIVERTIDA!!! Allí estaban sus titos, primos y amiguitos que no se podían perder una fiesta así.

Y así la princesa Martuki os ha contado lo que en todo un día le había pasado… y colorín colorete por la chimenea sale un cohete…