Una vida de perros

image

ROSA ROJO/

Dios mío, ¡cuántos pies hay por aquí! Y encima no dejan de moverse, ya podrían parar un poco. Umm, este hombre huele a beicon, ¡guau!, le daría un bocado de buena gana.

¡Vamos, que no tenemos todo el día!  -me grita mi dueña.

  Que sí mujer, que ya voy. Qué prisa, por favor, y justo cuando acababa de oler a otro perro…

 ¡Un gato! Genial, empieza la persecución.

En cuanto encuentro la oportunidad, le doy un tirón de la correa a mi dueña y salgo por patas arrastrándola conmigo. También me llevo por delante algún que otro señor y consigo liberar a varios perros. Y antes de darme cuenta, ya somos una jauría que perseguimos a un gato, que ni siquiera sé por qué nos caen mal, supongo que será tradición.

 

Oigo a mi espalda entre el alboroto a mi dueña gritar y vociferar para que vuelva, pero… ni caso. Cuando me consigue atrapar, que no es pronto, me ata con la correa y empieza a reprenderme, oigo un estruendo que anula por completo su voz y comienzo a sentirme mejor cuando…

Ups -pienso- ¿Se habrá dado cuenta?

Entramos en el tren y todo el mundo nos abre paso. Gracias a mí se han estropeado sus zapatos nuevos. Pero ha merecido la pena. Ya no veo ni un solo pie y ella ni se ha enterado.

Compartir