Siempre nos quedará la shahada

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ALBERTO GARCÍA/

¿ Y ahora qué? No podréis detenernos. ¡Somos fuertes! ¡Somos grandes! Charlie Hebdo no fue más que el aperitivo de la cruenta velada. Cada vez que cierro los ojos aún recuerdo sus gritos de terror, como los de los asquerosos cerdos, suplicando piedad. La única clemencia que tuvimos fue la de las balas. Hierro contra la carne. Terror contra las personas. Terror contra la humanidad. Hierro contra la carne. Vuestra sangre será derramada. Si es necesario, lucharemos hasta que os postréis de rodillas delante de nosotros. ¡Oh, soy grande! ¡Os espero, valientes! Deberán caer torres, desplomarse países, morir razas, anegarse las ciudades con lágrimas de madre. Pagaréis por vuestra traición hacia mí. ¡Soy grande! Porque cuando muráis, el Paraíso será de vosotros. ¡Yanna! ¡Yanna! Vuestra vida estará llena de ventura. Descansaréis en palacios de oro, plata y mármol. Os regocijaréis con la compañía de vuestros seres queridos. ¡Yanna! Los infieles no se salvarán. Morirán en el yugo del juicio final. ¡Yahannam! ¡Yahannam! Así os digo, Hijos míos, matad a los infieles. ¡Que no quede uno sobre la faz de la tierra y que se arrepientan! ¡Muerte al infiel! ¡Muerte!

Y como dice la shahada, ¡No hay más Dios que Alá y Mahoma su profeta!

(Y así es el Alá equivocado de los yihadistas. ¡Tinta!¡Tinta contra la oscuridad! No caigas dócilmente en esa represión oscura ¡Tinta conta la muerte! Y si vuestra sangre es derramada por los bárbaros, la tinta llamará a la tinta, y ya nadie podrá silenciarnos. Más gente se unirá a nosotros. Gritad con voz de rabia desgarrada: Tinta. Tinta contra la agonía de la luz )

 

 

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