Campos de terror 70 años después

MIGUEL RIVERA/

  • Más de 300 supervivientes han participado en los actos conmemorativos del aniversario de la liberación del mayor campo de concentración nazi.

El pasado martes 27 de enero se cumplieron setenta años de la liberación del campo de exterminio nazi Auschwitz-Birkenau por las tropas soviéticas. Este campo define a la perfección lo que fue la Segunda Guerra Mundial y es el lugar construido por el ser humano que más se asemeja al infierno.

Durante la Segunda Gran Guerra, en la que se enfrentaron aliados y potencias del eje, estos últimos,(liderados principalmente por Adolf Hitler) idearon unos centros de detención o confinamiento para opositores políticos, personas pertenecientes a determinados grupos étnicos o religiosos, personas de una determinada orientación sexual, prisioneros de guerra, civiles habitantes de una región en conflicto, u otros colectivos. Eran los campos de concentración. En ellos, los reclusos eran obligados a hacer trabajos forzados, y morían de hambre, enfermedad, agotamiento o de las palizas diarias que recibían por parte de los soldados.

Pero para los nazis solo era el principio. El 20 de mayo de 1940, a 43 kilómetros de Cracovia (Polonia), se abrió el campo de exterminio de Auschwitz, lo que para los nazis era la solución final. Este centro estaba dotado de cámaras de gas y hornos crematorios. La cámaras de gas tenían capacidad para 2500 personas, y en el campo llegaron a registrarse 100.000 personas a la vez. El procedimiento habitual era que a los prisioneros se les inducía a ir a ducharse, se desprendían de sus ropas, entraban en la cámara de gas y morían asfixiados. Minutos después, los soldados recogían la ropa y las joyas valiosas (anillos, pendientes, dientes de oro). Miles de cadáveres eran introducidos en los hornos y se quemaban. Así hasta llegar a la espectacular cifra de hasta 1.500 muertos por día. En total, pasaron por el campo 1,3 millones de personas de las que se salvaron 200.000.

Siete décadas después, se ha conmemorado la liberación de este campo de exterminio y a los actos han acudido representantes de más de 40 países, con algunas ausencias notables, y más de 300 supervivientes. Ellos, octogenarios y nonagenarios, han sido los verdaderos protagonistas de la emotiva ceremonia celebrada en los restos del campo de exterminio polaco, relegando a un segundo plano a las autoridades de ese medio centenar de países.

 

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