Allere Flammam veritatis (Que arda la llama de la verdad)

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Llama (de internet)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ALBERTO GARCÍA/

¿Acaso es que no me conoces? Te he visto nacer. En tus momentos de gloria, te acompañé. Cuando estabas hundido, te ayudé. Pero recuerda. No eres más que polvo. ¿Quién se acordará de ti cuando hayas muerto? Sabes que estás solo. La vida es un viaje de un solo sentido. ¿De qué sirvieron esas gloriosas hazañas que portabas como tu estandarte? ¿Que hay más allá de las ropas que llevas, del reloj del que presumes? Sabes que no hay nada. Sabes que estas vacío. Hueco. Mírate por dentro. Nada. Mira a tu alrededor. Nada. Y por eso sientes miedo. Y el miedo te cubre. Te baña. Te corroe. Te envenena. Eres miedo. Y cuando leas este relato, que es mi legado, sabrás que es verdad. Pero esos serán unos instantes de lucidez, antes de que tu memoria, imparable y benévola, aniquile tus recuerdos. Porque sabes que te hacen daño. Pero también que son verdad. Y entonces seguirás como hasta ahora. Habitando en ese desconocimiento en busca de la paz, del placer, del amor, de la amistad. Seguirás, viviendo.

¿Me recuerdas ya? Soy el pobre en la acera. Soy el anciano que a nadie importa. Soy tus seres que han muerto, y los que vendrán después. Soy tu calma y soy tu tormenta. Soy tu amor y soy tu odio. Soy tu nada y soy tu todo. Soy tu Dios y tu Demonio. Soy muerte y soy vida.

 

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