Pedro Soto de Rojas, de nuevo ganador

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ALBERTO GARCÍA

Nadie había dormido la noche anterior, pero a pesar de lo temprano que era, las caras sonrientes (aunque eso sí, algo somnolientas) iluminaban la mañana. Cientos de niños que se arremolinaban a las puertas de la Facultad de Ciencias de Granada, esperando ser los mismos que salieran seis horas más tarde, eso sí, con un trofeo entre sus manos.

Comenzaba entonces una jornada de puro infarto, tanto para los integrantes de los equipos, como para los entrenadores, y obviamente, para sus familias. Tres lanzamientos y una presentación que decidirían su futuro. En Soto-Tech llegábamos nerviosos, pero también con una confianza propia de los que no teníamos miedo a perder, porque sabíamos que lo que viviríamos sería una experiencia única e irrepetible.

-¡Vamos!- nos animábamos unos a otros justo antes de comenzar la exposición. Difícil tarea. Cristalizar en quince minutos los proyectos, los valores, lo aprendido durante seis meses de duro esfuerzo. Primero el Proyecto Científico, un robot que nosotros desarrollamos como un ayudante del profesor. Después el Proyecto Técnico, que habría de realizar las distintas misiones. Y por último, el Póster de Valores, con el que poníamos la guinda final a nuestra presentación, resaltando estos últimos que habíamos adquirido a lo largo del proyecto.

En verdad, todos nos quedamos sorprendidos al finalizar y darnos cuenta de que lo habíamos hecho tan bien: contestado a las preguntas de los jueces, expuesto todos los temas…Después llegó una de las partes más difíciles, por no decir la que más: las misiones del robot. En el Aula Magna, y ante todo el público, teníamos tres intentos para intentar conseguir la máxima puntuación con nuestro robot, que debía desarrollar unas misiones con pruebas por medio. Superada con creces.

Y entonces después llegan esos minutos, en los que sientes que tu corazón se desboca, cuando van diciendo los premios, y tu nombre no se escucha, y sabes que cada vez estás más cerca del premio o de la derrota; del todo o de la nada. Y es en ese preciso instante, cuando escuchas el nombre de tu equipo resonar por todo el auditorio, cuando todo el estrés que tienes dentro se desvanece y da paso a una alegría incontrolable, que explota. Cuando sabes que continúas con la tarea de representar al Pedro Soto de Rojas por segunda vez consecutiva ante toda España, pero que lo harás con la cabeza bien alta.

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