Un manuscrito encontrado: nuevo tratado de Lázaro de Tormes

Monumento a Lázaro de Tormes (Salamanca)

Monumento a Lázaro de Tormes (Salamanca)

DANIEL PORTÍ

Lo que sucedió a Lázaro con el caballero

Tras años junto a la mujer que me dio mi último año, la cual me engañaba, me di cuenta de que comenzábame a doler el adulterio que cometía. Me di cuenta del vacío que creaba dentro de mí que la criada del arcipreste que se preocupó en casarnos no se diera cuenta de que debería mencionar el tema de los demás hombres; por lo que un día me encaminé a marchar. Durante el tiempo que, según mi mujer, se iba a rezar y a atender el negocio de curandería que, según ella, acababa de abrir, comencé a preparar todo lo que necesitaría para escapar de la casa. Cogí unos cuantos trapos de lino, una hogaza de pan, veinte maravedíes y un par de cebollas. Más tarde, por la noche, cuando todo el mundo dormía, cogí el saco que había preparado horas antes, y tras echar un vistazo a la casa de la vida de la que tanto había soñado, comencé a caminar por la oscuridad de la madrugada y tras horas de camino cruzéme con un flacucho y no muy noble caballero de armadura negra. Él se dirigió a mí diciéndome:

–Eh, ¿qué haces solo a estas horas de la madrugada?
Yo podría preguntarle lo mismo.
–Está bien, vamos a un sitio cálido –y dicho esto, me condujo hasta su casa.
La casa no era pequeña, pero tampoco grande. Había una gran chimenea en el salón, unos cuantos muebles hechos a mano y un arcón bien grande. A la luz de la chimenea me di cuenta de que la armadura del muchacho, de unos 20 años, no era negra sino plateada y bruñida.
–¿Quieres algo caliente? -me preguntó con simpatía.
–Sí, por favor.
–Oh, no hace falta que te dirijas a mí de esa manera –me estrechó la mano y dijo: mi nombre es Cahm. Soy un caballero, bueno, más bien dicho, un intento de caballero, y mi sueño es llegar a ser un caballero respetado y fuerte.
–Yo soy Lázaro, lazarillo de tantos amos como malas personas haya en este mundo. Si quiere, podría ayudarle a cumplir su sueño.
–¿Qué pides a cambio? -preguntó curioso Cahm.
–Sólo una cama caliente donde dormir por las noches, comida con la que alimentarme por el día y un buen trato entre los dos.
–De eso no te faltará, Lázaro, pues yo soy una persona acomodada en la sociedad. Mi padre es el señor de unas tierras cercanas; y cuando oyó que yo quería ser caballero, amañó todas mis luchas para que yo ganara. Cuando esa información llegó a mis oídos, discutimos y yo escapé con el dinero que tuve a mano. Yo quiero ser caballero, pero no un caballero que gana a los hombres que se dejen ganar por dinero.
Cahm se quedó pensando un rato y dijo: –Ah, perdona. Ahora vuelvo con la bebida prometida-. Aproveché hasta la última gota de chocolate caliente que me había servido Cahm en una especie de jarra de barro. Al día siguiente le sugerí ir en busca de aventuras por el mundo, pero él contestó que me centrara, que el mundo no funcionaba así. Me comentó que conocía a un caballero de verdad.
–Pues deberíamos ir a hablar con él para saber qué fue lo que hizo para llegar a donde está – le dije que sin pensar, aunque más tarde me di cuenta de que no era buena idea.
–Si estás dispuesto a caminar durante dos horas…

Asentí con la cabeza. A partir de ese momento me di cuenta de que esa relación no iba a ser como las demás; que esta vez iba a ser más una amistad que un servicio, aunque no lo tenía muy claro ya que nunca había tenido ningún amigo.
A las dos horas, tal y como había dicho Cahm, avisamos una casa de piedra más grande que en la que acababa de comenzar a vivir. De la chimenea salía una columna de humo bastante densa. Por las ventanas se podía oler un olor muy sabroso. Tocamos a la puerta, y tras unos cuantos ruidos metálicos y unos ajetreados ‘ya voy’, la puerta se abrió y apareció un niño de no más de 10 años, rubio como la paja, que nos invitó a entrar. El amigo de Cahm tenía una mujer hermosa y dos niños de la misma edad; pero lo que más me llamó la atención fue su criada, pelirroja y de rostro afilado, con una mirada brillante, lo que hizo que me enamorara al instante. A partir de ahí no presté más interés a la conversación y me dediqué a intercambiar gestos con la criada. Llegado el momento pedí disculpas para ausentarme y le sugería a la chica que me siguiera. Resultó, tras un largo rato de conversación, que ella también se había enamorado de mí, lo que hizo que escapáramos juntos. Antes de volver a dejar mi vida atrás pensé a dónde podríamos ir: no podría volver con mi mujer y con el arcipreste, pero tampoco a la casa de Cahm pero…
Antes de dirigirnos hacia mi destino, escribí una carta de agradecimiento a mi amigo por acogerme a altas horas de la madrugada y todo lo que había hecho por mí y me dirigí junto a la criada. Esta vez preferí solo llevarme comida, ya que esa no había sido mi casa y no me había tratado mal.
Tras muchos días de camino llegué adonde quería y pregunté por Antona Pérez. Tras varias indicaciones y otras cusntas explicaciones, llegué donde estaba mi madre. Tras un rato de abrazos y besos, mi madre me explicó todo lo que había ocurrido durante mi ausencia, empezando por que ahora estaba sola. Más tarde, yo le presenté a la criada de la que me había enamorado y cenamos juntos. Me di cuenta de que ahora era completamente feliz y que no dejaría esa vida jamás.

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