Nuevo hallazgo de la picaresca: El Lazarillo del Darro

carreradarro

Carrera del Darro (Acuarela de José Camero)

CARLA RUBIO

Me dirijo a Vuesa Merced, como humilde servidor, por desesperada ayuda. No deseo, ni tan siquiera pensé, someterle a este tipo de trabajo, mas ha de saber, señor, que me hallaría sometido a un desventurado porvenir si no respondiera a esta misiva que le estoy enviando. Como bien sabrá, soy, o eso quiero creer, hijo del tan famoso Lázaro de Tormes. Mas tiene que saber que este falleció hace ya un par de días. Mi madre y yo rezamos por su alma, ya que como usted sospecha, no provenimos de buena familia en lo que refiere a honradez. Mis lamentaciones empezaron a partir de ahí. Mi padre, en su lecho de muerte, inquirió al sacerdote el verme a mí, gritando, como si no existiese el peligro a sus espaldas de estar muriendo. Preocupado por su terrible insistencia, rechacé los consejos del gordo cura y fui a verlo, para hacerle pasar el temor y transmitirle valor en su porvenir, fuese donde solo Dios sabe. No sé si fueron simples desvaríos de un viejo loco a que por faltar, le faltaban hasta los dientes, mas lo dijo con tal expresión que sus palabras me fueron grabadas a martillazos. “Oye, mi pequeño Lázaro, como bien sabes, tu padre no fue una de las mejores personas de este mísero mundo. Tú fuiste lo único que hice bien, pero me temo que realmente no fui yo”. Y tras estas palabras, sus tristes ojos, cargados del polvo y hambre de una larga pero penosa vida, se marchitaron. Muestro súplicas de que rece a Dios para que solo él se apiade de su alma.

Desde siempre supe yo que mi madre no era, sepa perdonarme, una santa. Demasiados hombres en una casa tan pequeña. Pero no solo podíamos alimentarnos con ese mugriento aire. Tal vez por eso es por lo que la perdoné, en sus días. Ahora, demasiado vieja para mostrar sus bellos encantos femeninos, soy yo el que lleva el poco pan y la resalada carne a la despensa. Siempre oí que el tan amado y amable señor que nos dio cobijo, también lo buscaba en mi madre y para no prolongar más mi desasosiego le obligué a darme una respuesta. No perdonaría a mi alma si me atreviese a contarle sus “inocentes” palabras, mas supe bien que ni ella misma tenía respuesta a lo que yo deseaba saber.

Intenté hallar el sentido de mi nacimiento en otras personas, mas desafortunadamente empezaban a despotricar, no afortunadas palabras, sobre mi santa madre. Recé noche y día en busca de respuesta. Terminé suplicando algo de cordura y que me quedaran algunos pelos en la sesera que poder arrancar. Los días pasaban raudos. Las ratas corrían por nuestro viejo granero en el que solo yo me encontraba. La poca familia que me quedaba, mi madre, huyó con su tan devoto caballero del señor. A veces me pregunto si solo estuvo con nosotros para esperar la muerte de mi padre.

Es por esto por lo que acudo a Vuestra Merced, ya que aunque sé que la verdad no va a ser la que me llene el estómago, deseo, como siempre he hecho, pasar algunas noches en vela pensando en suculentos bocados, no en mi maldito nacimiento.

Ruego dé luz a mi incertidumbre

Lázaro

El viejo y agotado cura leyó, por última vez, aquella carta. Pensamientos como pesar y angustia surcaban su frente, ya arrugada y descolorida por lo años. Con movimientos calmados y pesados fue a llamar a uno de sus sirvientes, que se dio cuenta del casi imperceptible cambio de humor de su amo.

-Haz venir al destinatario de esta carta, rápido-dijo. –Señor, llegó al fin la hora de pagar por mis pecados.

 

CARRERA_DEL_DARRO_(GRANADA)

Río Darro

 

 

 

 

 

 

 

 

MIGUEL ÁLVAREZ

Lazarillo del Darro me llaman en en estas tierras de Granada, Lazarillo por mi padre y del Darro por el río que pasa por debajo de la Alhambra, lugar donde yo nací. Verdaderamente yo soy granadino, pues en Granada yo nací, pero la sangre que corre por mis venas es castellana como bien sabéis ya que con veintitrés años que tengo ahora sé que el diario de mi padre ha sido leído por todos los pueblos de España, cosa que no es de extrañar ya que la vida de mi padre es digna de ser leída. Bueno, yo no sé por qué llamo al Lazarillo de Tormes como mi padre, ya que todos sabemos que mi verdadero padre es el arcipreste de San Salvador, para el que trabajaban mis supuestos progenitores y por el cual vivimos en Granada. Tras meses de rumores y el notable ensanchamiento de la barriga de mi madre, desterraron al arcipreste por mantener relaciones sexuales y este, junto a mis “padres” y el resto de criados se vinieron a vivir a Granada, a una casucha en la vera del río Darro. Mi supuesto padre, Lázaro de Tormes, siguió sirviéndolo durante vario tiempo, aunque sabía lo sucedido, algo que yo nunca entendí. En fin, siguió a órdenes del arcipreste con el que ya malvivía, mi madre también…Vivimos unos años así, “mi padre” traía alimento, yo comencé a ayudarle, mi madre se encargaba de la casa y del arcipreste y el arcipreste.., Creía que aún era arcipreste. Todo seguía su curso como el agua de aquel río por el cual llevo este sobrenombre, pero un día, al llegar a casa Lázaro de Tormes, lo vio y ya no lo pudo soportar más. Aunque no lo creamos, llevaba su procesión por dentro, se abalanzó sobre el arcipreste y lo mató. A decir verdad, esto fue lo mejor que nos pasó, comenzamos una vida sin el Arcipreste y con un nuevo miembro en la familia, hijo también del Arcipreste, este es menos conocido, pero yo lo llamo Lazarillo del Genil. Vivimos unos años bien, en paz, mis padres comenzaron a quererse y yo forjé una relación impecable con mi hermano. Pero el mal perseguía a nuestra familia y un día mi padre murió por accidente pescando truchas en el Darro. Comenzamos a malvivir de nuevo, no llegábamos a fin de mes y mi madre nos tuvo que vender. Comenzamos como lazarillos para un ciego y aquí empezó nuestra odisea o ¿la vida de Lázaro de Tormes de nuevo? Bueno por lo menos yo no estoy solo. Y ya esta bien, no os voy a contar mi vida, esperaros a “Los Lazarillos del Darro y del Genil”.

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